Autor Tema: Crónica: del Pirineo oriental a los Alpes del sur pasando por el macizo central  (Leído 617 veces)

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INTRO
¡Hola a todos! A continuación encontraréis la crónica de un viaje que, si bien no fue por sitios exóticos de esos que hacen soñar, estilo mi tocayo Sinewan, Miquel Silvestre, Alicia Sornosa o Fabián Barrio, nos permitió descubrir pueblos de gran belleza, fantásticos paisajes y carreteras increíbles. Y los tenemos bien cerca.

Quien venga buscando viajes épicos con jornadas de mil kilómetros diarios se equivoca de sitio. Nuestra filosofía de viaje se sustenta sobre los siguientes principios:
1. Evitar autopistas en la medida de lo posible.
2. Visitar sitios que merezcan la pena.
3. Tener tiempo de disfrutar lo que ves.

Así pues, haremos etapas intentando no sobrepasar los 300 kms, escogiendo lugares a visitar tras una fase previa de documentación. La lista de sitios patrimonio de la humanidad de la UNESCO es un buen punto de partida, aunque luego hay que currarse la ubicación de los sitios. La tenéis en castellano aquí: http://whc.unesco.org/es/list/

Una vez escogidos los sitios a ver y determinadas aproximadamente las etapas, buscamos hoteles baratitos que caigan cerca. Llevamos años reservando en booking.com y nunca hemos tenido problemas (miento: una vez, hace tiempo, las coordenadas GPS del hotel tenían un error y dimos un rodeo de 15 kms hasta encontrarlo a la antigua usanza, sin el navegador)

Para acabar, decidimos qué carreteras vamos a seguir, buscando que sean bonitas y divertidas. En los mapas Miguelín ( https://www.viamichelin.es ) vienen marcadas con un trazo verde. Después pasamos la ruta escogida al navegador, seleccionando con cuidado los puntos de paso para que nos lleve por dónde queremos ir, y ya está.

En efecto, tiene trabajo de preparación, pero es la primera fase de disfrute del viaje, viajar con la mente. La segunda fase es el viaje mismo, con la satisfacción de ver cómo el itinerario que imaginaste se hace real y puedes verlo, olerlo y disfrutarlo. Y la tercera fase es esta que me ocupa, la rememoración del viaje y poder plasmarlo en una crónica para compartirlo con vosotros.

Si la idea os tienta, seguid leyendo... sólo os pido un poco de paciencia, pues la elaboración de la crónica lleva su tiempo y, además, quisiera insertar un vídeo con un resumen de cada jornada -cuando lo haya- con todo lo que ello implica de videoedición.

Nos vemos en la carretera !!
« última modificación: Junio 20, 2017, 04:19:47 pm por Txarly »

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Día 1 - Niza - Saint Gilles
« Respuesta #1 en: Junio 07, 2017, 02:17:43 pm »
Día 1 - Niza - Saint Gilles (298 kms)

¡Por fín llegó el día! Con la moto recién revisada, montamos maletas, bolsa sobredepósito, navegador (aunque inicialmente no haga falta) y dejamos atrás Niza. El cielo está cubierto aunque no parece amenazador, y no hace calor, buena cosa. Para montarlo todo, he sacado la moto del parking y la he aparcado junto a nuestro portal. Cuando casi hemos acabado de montarlo todo, un enlatado nos pregunta si nos vamos, para ocupar la plaza él; le digo que sí, pero que necesito un par de minutos más y que, para no cortar la calle, dé la vuelta a la manzana, que le esperamos. Le veo irse con cara de 'no me fío' y reaparecer al poco, sonriendo al ver que, en efecto, le habíamos esperado.

Llenamos el depósito y, para ganar tiempo, vamos por la autopista (yendo por nacionales en esta región de Francia te eternizas) El badge de telepeaje, ya veterano, tiene problemas para ser leído en los peajes automáticos; tengo que sacarlo del soporte tras la cúpula y moverlo en el aire para que se abra la barrera, empezamos bien.

Enseguida dejamos atrás nuestro 'territorio de caza' habitual: Cannes, el Esterel, Fréjus, Saint-Tropez... y avanzamos hacia Aix-en-Provence mientras el cielo, juguetón, deja caer alguna gota sin llegar a ser lluvia declarada, nada que justifique parar para cambiarse de guantes y ponerle la funda a la bolsa sobredepósito. El badge de telepeaje sigue teniendo problemas para ser reconocido, y sigo teniendo que hacer una extraña coreografía en casa caseta de peaje automático.

Después de unos 150 kms paramos a estirar las piernas y beber algo. Aprovecho para dejarlo todo preparado para la lluvia, por si acaso. A poco de retomar la ruta, vuelve a chispear, al rato para, poco después volver a llover... muy primaveral. En situaciones así recuerdo nuestra fase 'A.G.' (Antes del Goretex) y el peñazo que era andar parando para ponerse el mono de lluvia cuando llovía, o para quitárselo porque no llovía ya y te estabas asando de calor... un buen traje de goretex es una inversión, pero, desde mi punto de vista, merece la pena si te gusta viajar en moto.

En el último peaje, el badge deja de funcionar a pesar de mis esfuerzos coreográficos, cada vez más sincopados. Me veo obligado a utilizar el intercom del puesto de peaje, y enseguida una voz femenina contesta. Explico que el badge no funciona y nos abren la barrera de inmediato; buen servicio de Vinci Autoroutes.

Hemos previsto un pequeño desvío atravesando 'Les Alpilles', una pequeña estribación montañosa entre Salon-de-Provence y Avignon para visitar los restos romanos del sitio arqueológico de Glanum, pero la lluvia, ahora sí declarada, hace que nos planteemos si el desvío merece la pena. Decidimos dejarlo para una mejor -y menos lluviosa- ocasión y vamos derechitos al hotel de Saint Gilles.

Pasado Arles salimos de la autovía y nos internamos en el parque natural regional de la Camarga, en pleno delta del Ródano. La carretera es recta y el paisaje llano, combinando cultivos con arrozales, humedales salvajes y algún pequeño bosque de vez en cuando. A ratos se ven caballos o toros pastando. Sopla un fuerte viento lateral que exige ir suave y muy atento a sus rachas.


Caballos salvajes en la Camarga

Cruzamos 'Le petit Rhone' ('el Rodanito') por un puente de arcos verde claro y tirantes amarillos. El río baja tranquilo pero con abundante caudal, y uno se pregunta, si este es el pequeño, ¿cómo sera el grande?

Tras pasar bajo la vía del tren y salvar un canal lleno de pequeñas embarcaciones atracadas, entramos en Saint-Gilles y localizamos fácilmente el hotel, en una avenida de castaños de indias. Sigue lloviendo.

Tras subir el equipaje, llevo la moto al parking cerrado del hotel, pero al pulsar el código, no se abre. Mientras lo arreglan, vuelvo a la habitación para cambiarme y comer unos bocatas que mi sufrida pasajera trae preparados desde casa. Después salimos a descubrir Saint Gilles y su abadía, declarada patrimonio de la humanidad dentro del conjunto de monumentos que forman el camino de Santiago.

El pueblo es pequeño y tiene poco que ver, transmitiendo una impresión como viejuna, de decadencia y abandono. Que sea un jueves lluvioso de Mayo tampoco ayuda mucho, supongo. Al llegar a la abadía descubrimos que están restaurando la fachada del S.XII, toda cubierta de andamios. Lamentando nuestra mala suerte entramos a la iglesia, románica, bien restaurada, pero sin nada especialmente destacable salvo quizás los cuadros situados tras el altar, en vez del consabido retablo.


Fachada (que no vimos) de la Abadía San Gil

Encontramos el descenso a la cripta, cerrado por una pequeña verja, donde un cartel anuncia que es de pago. En una esquina de la iglesia hay un despachito acristalado atiborrado de libros y folletos donde una mujer sentada en un escritorio habla por el móvil. A juzgar por sus risas, no da la impresión de ser una llamada de trabajo... salvo que su jefe sea su mejor amigo, claro. Al poco de percatarse de nuestra presencia, cuelga y nos enteramos que la entrada a la cripta son 3€ por cabeza. Pagamos, nos da los billetes y nos acompaña a la verja de entrada, accionando por el camino un interruptor oculto tras una cortina en una columna, todo muy misterioso. Tras abrirnos la verja y darnos las últimas instrucciones, nos deja solos y descendemos por la gastada escalera a la oscura, húmeda y solitaria cripta donde reposan los restos de san Gil.

El folleto que nos han dado con la entrada viene a contar que san Gil fue herido de un flechazo por un rey visigodo, Wamba, durante una cacería. Para hacerse perdonar, Wamba le regaló unas tierras para que fundase la abadía. A su muerte, fue enterrado en la iglesia, y ganó devotos hasta convertirse en el cuarto lugar más santo de la cristiandad, tras Jerusalén, Roma y Santiago.

La historia de la abadía es la que cabe esperar: al estar en la vía Tolosana a Santiago y albergar las reliquias de San Gil, va ganando en prosperidad y es agrandada en distintas fases: iglesia (S.XII), transepto (S.XIV), campanario (S.XV). Destruida durante las guerras de religión del S. XVI por los hugonotes y restaurada en los siglos XVII y XIX, fue durante esta última cuando se redescubrió la tumba de San Gil.

En cuanto a la cripta, es sorprendentemente extensa -ocupa prácticamente toda la iglesia- pero está descuidada, con dos dedos de agua en el suelo junto a la pared que corresponde a la entrada de la iglesia. Unas ventanas altas dejan pasar una luz mortecina y el ulular del viento, que sigue soplando fuerte. 
Bajando unos pocos escalones llegamos a un sarcófago en piedra bastante deteriorado con una inscripción en latín que, según el folleto, dice 'En esta tumba reposa el bienaventurado Gil'. Plaquitas cuadradas de mármol agradeciendo al santo los favores concedidos cubren las paredes que rodean la tumba, junto con dos placas más grandes en recuerdo de los caídos durante las dos guerras mundiales.

Volvemos al hotel dando un rodeo para ver el pueblo aunque, la verdad, nos lo podíamos haber ahorrado. Al llegar al hotel recuperamos de la cúpula de la moto el badge de telepeaje, que había olvidado antes y que, afortunadamente, nadie ha tocado. Nos informan que ya han arreglado el portón del parking, de modo que llevo la moto al recinto cerrado. Descansamos un rato y bajamos a cenar al restaurante del hotel, donde una abundante clientela de seniors cena ya, buena señal. El pescado a la parrilla estaba delicioso.

Hotel: Logis Le Cours, 10, Av. François Griffeuille, 30800 Saint-Gilles
Precio: 59 € la habitación doble con baño, desayuno aparte.
« última modificación: Junio 07, 2017, 03:16:32 pm por Txarly »

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Desconectado Txarly

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Día 2 - Saint Gilles - Prades (264 kms)
« Respuesta #3 en: Junio 07, 2017, 03:37:39 pm »
Día 2 - Saint Gilles - Prades (264 kms)

Hoy hemos previsto visitar de camino la abadía de Valmagne, pero antes tenemos que solucionar el problema del badge de telepeaje. En la página web de Vinci autoroutes veo que hay un centro de atención al cliente junto a la salida 27 de la A9, y nuestra ruta preveía pasar por la anterior, la 26. Modifico la ruta del navegador y, tras un buen desayuno, empaquetamos y nos ponemos en marcha. El cielo sigue cubierto sin ser amenazador, y el viento ya no sopla fuerte, buena cosa. Llenamos el depósito y cruzamos las carreteras camarguesas a buen ritmo, que siguen siendo llanas y básicamente rectas, aunque de vez en cuando algún tramo revirado le añade un poco de alegría.

Tras atravesar Vauvert y rodear Lunel llegamos al centro de atención al cliente. Revoltosa se queda en el parking y yo entro en la caseta, donde un único empleado está atendiendo a un cliente. Me mira de arriba a abajo y me dice: "motero, ¿verdad?" y por un momento me siento como en la película 'Terminator', y varias posibles respuestas se visualizan ante mí:
a. No, 'cantaor' flamenco, no te jode
b. ¿Lo dices por el traje goretex, el pañuelo en la cabeza y el casco y los guantes, Sherlock?
c. Ahá (esbozando una media sonrisa de suficiencia)

Escojo la opción lacónica, la C, y el cliente aprovecha para preguntar si el badge le sirve también para la moto. El empleado lumbreras le dice que sí, pero que no lo ponga en la cúpula de la moto, que con las vibraciones se acaba soltando, que mejor que lo lleve en el bolsillo de la cazadora. Me callo por no contradecirle delante de su cliente, pero cuando ya se ha ido y me está atendiendo le explico que probablemente eso ocurra con las Harleys y quizás otras motos custom, pero que las deportivas japonesas son mucho más equilibradas y vibran menos que un motor diesel de coche. El menda guarda silencio un momento mientras veo como las ruedecillas de su mente giran, asimilando el mensaje y -supongo- contrastando con su experiencia de moteros que han perdido su badge así. Al poco su rostro se ilumina con una sonrisa de oreja a oreja, mientras dice "tiene usted razón, debe ser eso". Al final me canjeó el badge por uno nuevo sin coste alguno, me regaló un boli y acabamos tan amigos.

Coloco el nuevo badge tras la cúpula y nos sumergimos en el tráfico de la A9, una de las autopistas más concurridas, peligrosas y vigiladas de Francia. En su tramo Nimes - Narbona concentra todo el tráfico que viene de Italia y el sudeste de Francia de un lado, y de otro, Suiza, Centroeuropa y el este de Francia, camino del sur, España y Marruecos. Los atascos de los peajes en verano son épicos, y son la principal razón por la que tenemos el badge de telepeaje.

La circunvalación de Montpellier se hace por la A9, que lleva más de un año de obras de mejora. A cuenta de la obras el límite es de 90 km/h a lo largo de todo el tramo de obras, y más vale respetarlo porque han puesto un radar de tramo de principio a casi fin de zona de obras. Así que a 90 y a punta de gas avanzamos mientras comentamos la visita a la abadía del día anterior.


Radar de tramo en Francia

Dejamos la A9 en salida 33 Sète y bordeamos el estanque de Thau, una especie de albufera donde cultivan ostras y mejillones en centenares de bateas que se alinean sobre su superficie en perfecto orden, como soldaditos prusianos. El paisaje sigue siendo llano y con grandes rectas, y los cultivos varían: viñas, cereales... mientras tanto, las nubes se van haciendo más escasas y empieza a lucir el sol de Mayo.

Atravesamos Loupian y seguimos dirección Villeveyrac, llegando en seguida a la abadía, cuya verja de entrada está... cerrada, mala señal. Hacemos una pausa y vemos en un cartel que abren a las 14 horas. Como son las 11 decidimos que va a esperar Rita, y la dejamos para otra ocasión, Posteriormente descubriríamos que actualmente es una propiedad privada, con restaurante, viñedos y elaboración propia de vino. Si os queréis dar el capricho, esta es su web: http://beta.valmagne.com/

Ante la imposibilidad de visitar la abadía decidimos ir directos a Prades y turistear por allí, de modo que  atravesamos Montagnac y por una nacional flanqueada de árboles (que siempre me hacen pensar en cuando los caminos eran de tierra y se recorrían en calesa o a caballo) enseguida llegamos a la A75 y luego, de vuelta a la A9. Beziers y Narbonne quedan atrás y salimos por la salida 41, Perpignan Nord, para tomar la circunvalación norte, luego la D900 y luego la autovía N116. Falta poco para Prades pero mi sufrida pasajera me pide parar, de modo que en la primera salida me detengo en el arcén, y aprovechamos para estirar las piernas, echar un trago de agua y ponerme los guantes de verano, que empieza a apretar el calor.

Reanudamos la ruta, con bonitos pueblos a los lados: Ille-sur-Têt, Vinça -con el estanque homónimo-, Marquixanes, Eus... y, finalmente, Prades. El hotel es muy fácil de encontrar y tenemos suerte, porque los dueños tienen una reunión de amigos y están allí, de otro modo nos hubiese tocado esperar hasta las 4 de la tarde. Tomamos posesión de la habitación, duchita y comer los bocatas que nos quedan mientras decidimos que  visitar. Al final decidimos quedarnos cerquita, yendo a Vilafranca de Conflent y, si nos da tiempo, ver Eus.

La historia de Vilafranca de Conflent es tumultuosa: desde su fundación en el S.XI fue cambiando de manos con inusitada frecuencia (perteneció al condado de Barcelona, al reino de Mallorca, a la Corona de Aragón, a Francia y a España) hasta que los franceses la tomaron al asalto en 1654. Poco después, en 1659, con el tratado de los Pirineos, quedó definitivamente de lado francés. En 1793 tropas españolas tomaron la ciudad pese a las imponentes fortificaciones erigidas por el famoso marqués de Vauban a finales del S.XVII, aunque los franceses la reconquistaron poco después, reconstruyendo las defensas y mejorándolas.

Tiene su capítulo truculento en la 'conspiración de Vilafranca' de 1674, cuando algunas familias locales intentaron reunificar la villa con Cataluña, con una Mata-Hari local seduciendo al comandante francés. Inicialmente la guarnición fue asesinada y la revuelta tuvo éxito, pero fue rápidamente aplastada por tropas de refresco y los conspiradores que no lograron huir -la mayoría- fueron capturados y salvajemente torturados y ejecutados.


Panorámica de Vilafranca de Conflent

El pueblo es pequeño bastante turístico, completamente rodeado por murallas y se visita rápido. El acceso a las fortificaciones es de pago y se hace junto a la puerta de España, al oeste. La simpática chica que vende les entradas nos guardó cazadoras y bolsa sobredepósito, de modo que pudimos recorrer sin carga las murallas por dentro, siguiendo las flechas que guían al visitante a través del pequeño laberinto de corredores y bastiones que conforman el conjunto defensivo. Una serie de paneles dan abundante información sobre las diferentes fases de construcción (desde el S.XV al XVIII) y la situación sociopolítica de la época.

Tras un descanso y un refresco en una terraza con camarero motero nos dirigimos a visitar Eus, un pueblito en pendiente coronado por la iglesia de Saint-Vincent-d'En-Haut (san Vicente en Alto) con buena pinta. Yendo en moto lo mejor es subir lo más alto posible (seguir los carteles de 'Eglise') La ruta da un pequeño  rodeo que nos regala una espectacular vista del pueblo y acaba en un pequeño parking, en lo alto del pueblo. En moto podemos incluso desafiar la señal de prohibido y avanzar un poco más. Vuelve a llover, de modo que aparco bajo un frondoso árbol que nos resguarda de la lluvia. Atamos los cascos y subimos lo poco que queda hasta la iglesia, para descubrir que está cerrada, vaya por Dios. Esperamos unos minutos en las ruinas del castillo a que escampe y recorremos el pueblo tranquilamente.


Eus

La tarde está bien avanzada ya, de modo que volvemos al hotel, Isma y Sergio deben estar al caer. En efecto, apenas nos hemos cambiado cuando nos mandan por waxap una foto junto a nuestra moto, de modo que salimos a su encuentro: abrazos, risas, puyitas, camaradería... mientras se duchan y cambian intentamos conectarnos a la WiFi del hotel, pero no hay manera. El dueño, muy agradable, hasta reinicia el router, pero ni por esas, nuestros móviles no enganchan, aunque el suyo sí. A modo de compensación nos invita a un café y nos indica algunos restaurantes correctos donde cenar, en la calle "donde asesinan algún turista cada verano".


Hôtel Hexagone, Plaine Saint-Martin, 66500 Prada de Conflent
Precio: 60 € la habitación doble con baño, desayuno aparte.

Desconectado Txarly

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Día 3 - Prades - Carcassonne (238 kms)
« Respuesta #4 en: Junio 07, 2017, 05:01:43 pm »
Día 3 - Prades - Carcassonne (238 kms)

El día amanece soleado, esperemos que dure. Desayunamos y cargamos las motos, y llenamos depósito en el Super U de Prades (salvo Sergio, que iba 'casi lleno', según él) Enfilamos la N116 y paramos brevemente en Vilafranca para que puedan verla Isma y Sergio.

Seguimos a buen ritmo por la N116, que serpentea monte arriba con buen asfalto y curvas sin sorpresas, una auténtica gozada. Cuando llegamos a Mont-Louis, a unos 1,600 mts, hacemos una pausa para admirar el panorama y comentamos que nos ha sabido a poco, pero aún queda mucha ruta. Frente a nosotros, la cara norte del Pic de Noufonts conserva aún bastante nieve.

Mont-Louis está, al igual que las otras fortificaciones de Vauban, inscrito como patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Se trata de una (otra) villa amurallada, construida enteramente en el S.XVII para asegurar el terreno ganado en el tratado de los Pirineos. Muchos soldados desertaron ante las penosas condiciones en las que se veían obligados a trabajar; a pesar de ello, la ciudadela se completó en diez años. Es un poco más de lo mismo que Vilafranca de Conflent, de manera que seguimos nuestro camino.

Giramos hacia el norte por la D118, con un asfalto algo peor pero aún bueno, avanzando entre suaves crestas boscosas. Seguimos en altitud, y se nota, el aire es frío y se agradece el forro. Descendiendo una pequeña cresta aparece, a nuestra izquierda y entre pinos, el lago artificial de Matemale, alimentado por el río Aude, cuyo curso vamos a seguir. El paisaje es típico pirenaico: amplios prados entre montañas boscosas, donde las retorcidas ramas de los árboles nos hablan de crudos inviernos soportando el peso de la nieve.

A medida que seguimos el curso del Aude, aún apenas un riachuelo, la carretera se retuerce y nos vamos encajonando en un valle boscoso. El asfalto es ahora irregular y algo bacheado, lo que nos obliga a bajar el ritmo. El tráfico es casi inexistente y tienes un poco la sensación de estar solo en el mundo. Al llegar al cruce con la D16 estamos ya metidos en un bonito desfiladero de escarpadas paredes, es la garganta del Aude donde algunos carteles nos informan que es un río truchero. El asfalto no es bueno, pero el paisaje es de una fascinante belleza.

Al llegar a Axat paramos a descansar un poco y beber algo fresco. Vista la hora (mediodía) y los horarios franceses de comidas, decidimos comer allí mismo, en una agradable terraza junto al río, no sin que antes la fracción "Incontinentia Suma" decida hacer una visita turística por todo Axat a la busca del Santo Orinal  :icon_lol:

En el cruce con la D117 la carretera mejora bastante, ya no hay baches y avanzamos a buen ritmo un poco encajonados entre laderas cubiertas de densas arboledas. Unas nubes oscuras tapan el sol, aunque sin consecuencias de momento. En Saint-Paul-de-Fenouillet tomamos la D7 rumbo norte, y la sierra que vamos a atravesar se despliega, como un muro, ante nuestros ojos. Poco a poco ganamos altura y una fantástica vista sobre el valle que dejamos atrás, mientras perdemos anchura de vía.

Obligatorio parar en el mirador de la garganta de Galamus y admirar la carretera excavada en la roca y la ermita de San Antonio de Galamus, literalmente incrustada en la pared caliza. En el S.XV unos monjes franciscanos convirtieron en capilla la gruta donde San Antonio vivió como un eremita y construyeron la ermita, accesible a pie por un sendero que sale del mirador.


Vista desde el mirador de Galamus. Buscad la ermita y la carretera :risa3:

La carretera que atraviesa la garganta de Galamus es estrecha, muy estrecha, tanto que cruzarse coche y moto es a veces difícil (2 coches es simplemente imposible) pero absolutamente increíble: excavada en la roca a lo largo de casi todo su recorrido, avanzas en cornisa por una estrechísima garganta caliza, con el río unos 100 mts más abajo. El asfalto está en buen estado pero, por obvias razones, conviene ir despacito. Pasada la garganta, con el cambio de departamento (de los Pirineos Orientales al Aude) la D7 se convierte en D10, que dejamos por la D14 buscando la siguiente parada prevista: el castillo cátaro de Peyrepertuse.

Si quieres saber algo sobre los cátaros, lee este párrafo. Si no, pasa directamente al siguiente
El catarismo fue una corriente religiosa que, por motivos políticos, arraigó en la región del Languedoc en el siglo XII. En esencia venía a decir que había dos mundos: uno espiritual, de inspiración divina, y otro, material, creado por el diablo. Lo malo es que en éste último incluían a la iglesia católica, dado su interés por las posesiones materiales y el poder (y, 9 siglos después, no ha cambiado mucho) Obviamente, al papa de turno (Inocencio III) no le hizo mucha gracia la cosa y la declaró herética, enviando legados y teólogos para que trajesen las ovejas descarriadas al redil. Como el asunto tenía profundas ramificaciones políticas, la cosa se fue complicando y acabó con el asesinato del legado papal. La respuesta del papa fue convocar una cruzada, más tarde denominada 'cruzada albigense', que sumió toda la región en una cruenta guerra civil cuyo episodio más sangriento fue la toma de Beziers, donde fue pasada a cuchillo la totalidad de la población. Cuentan que, preguntado el legado papal sobre cómo diferenciar a los cátaros de los buenos cristianos, su respuesta fue "Matadlos a todos, que ya los separará Dios". La cruzada acabó en 1244 con la toma del castillo de Montsegur, donde más de 200 cátaros fueron quemados vivos en una enorme hoguera al pie del castillo. Más detalles aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Catarismo

En lo alto del risco a nuestra izquierda vemos ya los lienzos de muralla del castillo, bajo un cielo cada vez más amenazador. Una vez rodeada la montaña y el pueblo de Duilhac, al atacar la subida al castillo, empieza a llover, primero suavemente pero enseguida a mares. Como falta poco y nosotros vamos 'goretexados', sigo ruta, mientras que Sergio e Isma paran a enfundarse los monos de agua. Les esperamos en el primer nivel de un aparcamiento vacío y juntos subimos la empinada cuesta que lleva al segundo nivel, donde casi voy al suelo al patinarme el pie, mientras sigue lloviendo con fuerza. Aparcamos al abrigo de unos árboles y nos refugiamos bajo el techo que cubre la entrada a los servicios.


Castillo de Peyrepertuse

Al rato deja de llover y podemos visitar el castillo, después de dejar cascos y bolsa sobredepósito al cuidado de la amable señora que vende las entradas. Las cazadoras preferimos llevarlas, por si acaso. Luego de una marcha de unos 15 minutos por un sendero ascendente, llegamos a la puerta de entrada, en el flanco norte. El castillo se extiende a lo largo de todo el risco y, aunque las murallas se mantienen aún en pie, al interior le queda mucho que restaurar. En cualquier caso, merece la visita y las vistas desde lo alto son increíbles, pudiendo verse los Pirineos y hasta el mediterráneo, si las nubes no lo impiden.

Como curiosidad, aquí fue donde se refugió Enrique de Trastámara en 1367 a lamerse las heridas tras su derrota a manos de Pedro I en la batalla de Nájera, con la aquiescencia del rey francés, Charles V. Como es sabido, le fue bien, pues posteriormente venció y asesinó a Pedro I (el famoso "ni quito ni pongo rey..."), convirtiéndose en Enrique II de Castilla. Más info del castillo aquí: https://www.peyrepertuse.com

Una vez de vuelta a las motos, mientras discutíamos que hacer visto el chaparrón anterior, surgió del bosque un zorro que se paró a escasamente un par de metros de nosotros. El primero en darse cuenta fue Sergio, y Revoltosa nos lo hizo saber, a lo cual siguió un momento de estupor general mientras el bicho nos miraba tan tranquilo.  Cuando se nos pasó el pasmo fuimos capaces de hacerle alguna foto antes de que decidiese marcharse, como Pedro por su casa.
 

El zorro curioso

La amenaza de lluvia y el que Sergio empiece a estar corto de gasolina hace que decidamos no acercarnos al castillo de Queribus y tiremos lo más recto posible hacia Carcassonne. Por carreteras secundarias vamos pasando pueblos de mayor o menor tamaño (Cucugnan, Padern, Maisons, Davejean) por un paisaje boscoso y de suaves lomas, con alguna pequeña garganta de vez en cuando; es una ruta agradable y muy poco frecuentada. Al llegar a Lagrasse hacemos un alto para descansar y evaluar la situación: Sergio lleva un rato en reserva, aún nos faltan 40 kms a destino y no hay ninguna gasolinera cerca. Según el navegador, la más cercana que nos pille más o menos de camino está en Trèbes, a 34 kms. Decidimos jugárnosla y, tras programar el navegador nos ponemos en marcha en modo miniconsumo: aceleraciones de abuelilla reumática, marchas largas y a punta de gas, la opción "camino más corto" nos lleva por caminos comarcales hasta la gasolinera del Super U de Trèbes, donde Sergio fue merecidamente collejeado por incumplir la regla nº 1 de rodar en grupo: todos llenan a la vez.

Después llegamos a Carcassonne y tomamos posesión del apartamento. Intentamos aparcar pero, al ser más tarde de las 8, todos los parkings estaban cerrados al público (alucina :icon_eek: ) Los dueños del piso, muy amables y bien organizados, nos ofrecieron una solución alternativa que resultó muy bien, y pudimos cambiarnos, salir a cenar y admirar la iluminación nocturna de la impresionante ciudadela de Carcassonne.


Carcassonne de noche

Sobre Carcassonne
Si no conoces Carcassonne y te gustan los castillos, TIENES que visitarla. Su ciudadela, patrimonio mundial de la humanidad, es una villa medieval perfectamente conservada, rodeada por una doble muralla y defendida por profusión de torres de diferentes estilos, resultado del paso del tiempo y de una fantasiosa restauración.

La historia de Carcassone es muy variada: empezó como un castro galo, luego romano, visigodo, omeya y, finalmente, franco, quedando los Trencavel como señores de la ciudadela. Asediada por los cruzados durante la represión del catarismo, la muralla –entonces sólo había una– resistió los asaltos, pero la falta de agua forzó la capitulación. Con el paso de los siglos se vio expuesta a las calamidades que asolaron la Europa medieval: epidemias de peste, guerras diversas… además, la ciudadela fue perdiendo relevancia y degradándose a medida que la ciudad baja –la bastide- ganaba importancia y prosperidad. En el S.XIX se emprendieron importantes obras de restauración que la dejaron tal y como puede verse hoy.


Foso exterior


Flanco norte


Castillo de los Trencavel

La visita guiada –también en castellano- se contrata en la oficina de turismo, a la derecha nada más pasar la impresionante ‘porte Narbonnaise’ flanqueada por dos enormes torres gemelas de teja roja.

Apartamentos Coté Pont Vieux 35 rue du pont vieux, 11000 Carcassonne
Precio : 230 € por 2 noches, capacidad 5/6 adultos (46 € por persona y noche)

Videoresumen de la etapa: https://www.youtube.com/watch?v=-SBhvswmpOs
« última modificación: Junio 07, 2017, 05:03:44 pm por Txarly »

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Bonitas fotos de Carcassonne Txarly; gracias por compartir tu viaje
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Esta si que es una cronica como las que ya no se ven a penas.

Muchisimas gracias por tomar las molestias en compartirla.

Caballos salvajes... impresionante

 :drink5: :drink5:

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Buena crónica. Esperando ya las siguientes etapas. 👏🏻👏🏻👏🏻
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Día 5 – Carcassonne - Cahors (321 kms)
« Respuesta #8 en: Junio 09, 2017, 04:55:42 pm »
Día 5 – Carcassonne - Cahors (321 kms)

El día 4 no tocamos las motos y lo dedicamos entero a disfrutar de Carcassonne.

Día 5: Isma se vuelve a Andorra (  :bawling: snif) de modo que seguiremos solo Sergio y nosotros. Recogemos y en seguida nos ponemos en marcha, parando a desayunar en una pequeña boulangerie que descubrimos la víspera, camino de la ciudadela. Nos despedimos con pena, sobre todo por él, que se lo va a perder, y ponemos rumbo a la montaña negra bajo un cielo despejado, heraldo de un día de calor. Amplias llanuras cultivadas van dejando paso poco a poco a pequeños bosques y suaves colinas en una carretera bien trazada y de buen firme que se retuerce a medida que subimos por el flanco de la montaña.

Al entrar en el departamento del Tarn se inicia el rápido y divertido descenso hacia Mazamet, atravesando un bosque. Paramos en el mirador del Plo de la Bise para echar un trago de agua, que empieza a apretar el calor, y descansar un poco mientras disfrutamos de una vista de pájaro sobre la villa de Mazamet. Revisando la ruta en un mapa puesto en un panel, charlamos –en inglés, curiosamente– con una pareja de muebleuvistas belgas que hacen lo propio. Aprovecho para desmontar el forro y cambiarme de guantes.

Tras atravesar Mazamet, por la N112 rodeamos Castres y ponemos rumbo a Albi. En el valle la carretera se hace más recta y vuelven a flanquearla campos cultivados y verdes praderas, de modo que avanzamos a buen ritmo. Me recuerda un poco a la Toscana, con sus suaves colinas boscosas y feraces campos bordeando la carretera. Muy de vez en cuando nos encontramos algún radar fijo, bien señalizado, y aprovecho para indicárselos a Sergio, para que aprenda a reconocerlos.

La bonita ciudad de Albi, llamada “la villa roja” por sus construcciones en ladrillo, da para al menos medio día completo de visita, destacando especialmente la catedral fortificada de Santa Cecilia y el palacio arzobispal, ambos declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Revoltosa y yo la visitamos el año pasado, pero me parecía un crimen privar a Sergio de visitar la catedral, un edificio único en el mundo. La primera iglesia data del S.IV, destruida en el S.VII por un incendio. Después de la sangrienta represión del catarismo –recordemos que la cruzada albigense toma su nombre de esta ciudad– se decidió dotar a la nueva catedral de un exterior austero, construyéndola con un material típico de la región: el ladrillo. El estilo es denominado “gótico meridional” y sorprende el enorme contraste entre su austero exterior y la rica decoración interior. La entrada al coro es de pago, pero merece la pena abonar la entrada y escuchar las explicaciones de la audioguía mientras admiramos la preciosista decoración.


Exterior de la catedral de Albi


Decoración interior del techo

Dejamos atrás Albi y nos dirigimos hacia Cordes-sur-Ciel, donde tenemos previsto comer y visitar el pueblo, aunque no tengo claro en qué orden… veremos. La carretera, con un asfalto más que correcto, sigue serpenteando entre suaves colinas, cada vez más suaves, y enseguida llegamos a Cordes, aparcando a la puerta de un bar/brasserie, lo que hace que decidamos rápidamente el orden a seguir 

Comemos de menú y, dejando cazadoras y bolsa sobredepósito en custodia en la brasserie, salimos a descubrir Cordes, que resulta ser un pueblo medieval muy bonito y cuidado… y con unas cuestas de órdago. Subiendo por una calle estrecha y empedrada de casas antiguas pero bien conservadas, franqueamos la puerta de Rous, de la muralla de la bastide del S.XIII. Para paliar las consecuencias de la cruzada albigense, se repoblaron las zonas arrasadas por la guerra, construyendo  pueblos amurallados (bastides) para dar cobijo a los lugareños y favorecer el desarrollo económico de la región. El enriquecimiento de mercaderes y artesanos durante el período de prosperidad de los siglos XIV al XVI trajo la construcción de las magníficas casas góticas que pueden admirarse en el interior de la villa.


Una calle de Cordes-sur-Ciel


Maison du Grand Veneur, ejemplo de casa gótica

Salimos de Cordes por una carretera razonablemente buena y sin arcén, entre bosques que poco a poco dejan paso a amplios campos suavemente ondulados, hacia St-Martin-Laguepie, donde confluyen los ríos Viaut y Aveyron. Hemos cruzado al departamento vecino, Tarn-et-Garonne, y seguimos el curso del Aveyron, descubriendo sus frondosas orillas. El paisaje cambia, se va haciendo más ondulado y boscoso hasta convertirse en una garganta formada, a nuestra izquierda, por una impresionante pared caliza totalmente vertical. Comienza la garganta del Aveyron y, para tener una mejor vista, vamos a recorrerla subiendo por la D115B. Tras una pequeña subida por una carretera estrecha, enseguida avanzamos en cornisa, y la ruta nos regala unas espectaculares vistas sobre el Aveyron y el bosque y los farallones rocosos que lo rodean. Nos detenemos para admirar el panorama, charlando con un grupo de abueletes ciclistas que han hecho lo mismo. Uno de ellos me propone cambiar su bici por nuestra VFR, y le digo que vale pero que tiene que llevarse también a la pasajera; se encoge de hombros y dice que sí mientras una gran sonrisa le ilumina el rostro y los demás se tronchan de risa. Huelga decir que esta vez fui yo el merecidamente collejeado por Revoltosa.


Vista desde la D115B de la D115 cruzando el Aveyron

Seguimos el curso del río hasta un pueblo cuyo nombre dibuja sonrisas pícaras: Penne. Según sabemos, no es gran cosa y su castillo, pese a su espectacular emplazamiento, es una pura ruina. Una rápida inspección ocular nos lo confirma y decidimos seguir ruta, hacia Moissac. Los paredones de roca quedan atrás, el terreno se va alisando, los bosques clarean y cada vez hay más tramos rectos. Para cuando la carretera se separa del Aveyron, el paisaje es totalmente liso,  con campos cultivados y grandes rectas que de vez en cuando atraviesan dispersos grupos de casas.

Contorneamos Montauban y Castelsarrasin y finalmente llegamos a Moissac, cruzando un largo puente bajo el cual fluye, caudaloso y tranquilo, el río Tarn, aparcando justo al lado de la Abadía de Saint-Pierre de Moissac (que es, como podéis imaginar, patrimonio mundial de la UNESCO) Entre gruñidos, la funcionaria malencarada de turno nos hace la merced de vendernos las entradas para visitar el claustro, supongo que, como es “tardísimo” (escasamente las 17:30) se le hace tarde para ir a algún akelarre. Por descontado, nada de cuidarnos las cazadoras mientras tanto. En fin…  >:(

La abadía, fundada en el S.VII, es un magnífico ejemplo de mezcla de estilos románico y gótico. Llama la atención su claustro, que mezcla piedra y ladrillo y cuyos arcos de doble columna están adornados por unos preciosistas capiteles que no se repiten (cada capitel es único) y que están maravillosamente bien conservados. Pero lo más increíble es la puerta de entrada a la iglesia, adornada por un tímpano del S.XII artísticamente tallado con escenas del apocalipsis de San Juan y flanqueada por tallas de santos, escenas variadas y motivos vegetales. En la columna central de la puerta hay talladas tres parejas de leones –es evidente que el escultor no había visto un león en su vida– sobre fondo vegetal. El estado de conservación es sencillamente increíble, y lo mejor es que podéis verlo gratis y sin soportar a la amargada de la entrada del claustro.  :jodete5:


El claustro de la abadía de San Pedro de Moissac


La impresionante puerta de entrada a la iglesia de la abadía

Tras la visita, un pequeño descanso y un refresco en terracita y ponemos rumbo a nuestro fin de etapa, Cahors. Por buena carretera flanqueada por filas de árboles y campos cultivados y ocasionales bosquecillos vamos dejando atrás los pueblos de Lafrançaise y Molières, a partir del cual la carretera se retuerce un poco para adaptarse a un terreno ondulado por pequeñas colinas boscosas.

Rodamos a buen ritmo cuando, de repente, algo de color pardo cruza saltando la carretera delante de nosotros, pasando a escasos centímetros de nuestra rueda delantera. No lo he visto venir, y sucede tan rápido que ni me da tiempo a frenar, sólo a cortar gas cuando ya ha pasado. No nos lo hemos tragado de milagro, y corto gas mientras le dedico una florida tanda de sonoros epítetos al bicho. Sergio, que venía detrás, ha sido testigo mudo –y supongo que horrorizado– de la casi-tragedia, y por la descripción –él sí lo vio- que hizo dedujimos que se trataba de una corza que, al parecer, abundan por la región. Susto de los gordos; si llegamos a impactar con la corza las consecuencias hubiesen sido catastróficas. Una pena no haber llevado la cámara grabando…

A medida que nos acercamos a Cahors el tráfico pasa de ‘casi inexistente’ a ‘fluído’ y avanzamos adelantando enlatados con facilidad. En un tramo recto acelero para adelantar a un camión y veo, un poco más delante, un autobús. De repente me doy cuenta de que el bus está totalmente parado y acaba de poner el intermitente a la izquierda… y nosotros vamos lanzados al encuentro de su culo! Clavo frenos y el dual CBS responde maravillosamente, incluso nos sobra metro y pico. Segundo susto, vaya día llevamos!!

Después nos incorporamos a la D820, más ancha y con arcenes, que se desdobla en autovía durante un trecho. A la entrada de Cahors perdemos a Sergio, que se despistó un momento y, al perdernos de vista, siguió las indicaciones de su navegador. Aquí es uno de los dos sitios donde no pernoctamos en el mismo lugar, lo cual explica la divergencia de itinerarios. Al final unos mensajes por waxap clarificaron la cosa y seguimos ruta hasta nuestro “hotel”.

Entrecomillo lo de hotel porque no es tal, sino una habitación alquilada en una casa privada. Naturalmente no hay ningún cartel anunciando su localización, sino que te plantas en la dirección indicada y llamas a la dueña (después de haber comunicado por email la hora aproximada de llegada) que sale a la calle para que veas donde es. La mujer es encantadora y nos trató como a marqueses: una habitación enorme con una neverita con agua y refrescos de cortesía, un desayuno primoroso, una cama supercómoda… un lujazo. Además, mientras Revoltosa se cambiaba, me guió hasta un garaje subterráneo donde aparqué la VFR y me dejó el mando del garaje. Lo gracioso fue para volver al piso, pues había venido en una furgoneta con asientos sólo delante y su perra, una boxer joven, de unos 4 años, de considerable tamaño y, afortunadamente, muy buen carácter. Y digo afortunadamente porque me tocó sentarme delante, con la perra entre ambos; menos mal que me gustan los animales… El trayecto es corto, unos 5 minutos a pie, pero el concejal de urbanismo de Cahors debe sufrir algún tipo de transtorno mental, porque hay un pifostio de sentidos únicos que te hace dar un rodeo importante yendo en vehículo a motor.

Quedamos con Sergio en el puente Valentré, un puente fortificado del S.XIV, incluido en la lista de patrimonio mundial de la UNESCO dentro los caminos de Santiago. Es uno de los pocos puentes medievales fortificados que permanecen enteros y fue restaurado en el S.XIX. Su construcción llevó 70 años, lo que dio origen a una leyenda que cuenta que el maestro de obra, desesperado por la lentitud de la obra, firmó un pacto con el diablo, que se comprometía a hacer todo lo que el hombre le ordenase, y éste le pagaría con su alma al acabar el puente. Con tan diabólica ayuda, las obras avanzaron a buen ritmo y, asustado ante la perspectiva de una eternidad en el infierno, al hombre se le ocurrió ordenarle al diablo que trajera agua para hacer la cal, pero utilizando un cedazo. De este modo salvó su alma y derrotó al diablo, aunque éste se vengó, mandando cada noche un diablillo para que robase la última piedra de la torre central y el puente quedase por siempre inacabado. Durante las obras de restauración se tuvo en cuenta la leyenda, y esculpieron en la torre central un diablillo desmontando una piedra.


Puente Valentré


Diablillo ‘robando’ una piedra del puente

Codet,  394 Rue Président Wilson, 46000 Cahors
Precio: 60 € la habitación doble con baño, desayuno incluido

Videoresumen de la jornada:
https://youtu.be/aXaz_umZsfM
« última modificación: Junio 12, 2017, 07:00:42 pm por Txarly »

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buena guia para el viajero  :ok:

salu2
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Crónica: del Pirineo oriental a los Alpes del sur pasando por el macizo central
« Respuesta #10 en: Junio 10, 2017, 07:13:31 pm »
Una pasada de crónica

Parece que hacemos el viaje contigo

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Me encanta la crónica.

Invita a viajar , que es de las mejores cosas para hacer en moto.

Gracias por tomarte el esfuerzo de contarla.
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Desconectado Txarly

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Crónica: del Pirineo oriental a los Alpes del sur pasando por el macizo central
« Respuesta #12 en: Junio 11, 2017, 12:20:35 pm »
Gracias a todos por los piropos !!
Disculpad los retrasos, pero voy posteando según redacto los capítulos de la crónica y/o edito los vídeos de cada etapa, lo cual lleva su tiempo, cosa que no me sobra...  :(

Acabo de añadir el videoresumen de la etapa anterior, y seguiré con la crónica, que quedan muchos sitios bonitos a los que invitaros a visitar...

V's

Desconectado Txarly

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Día 6 – Cahors - Perigueux (186 kms)
« Respuesta #13 en: Junio 12, 2017, 06:54:18 pm »
Día 6 – Cahors - Perigueux (186 kms)

Abandonamos con pena la casa donde tan bien nos han tratado y nos dirigimos al punto de encuentro con Sergio con algo de retraso porque me ha costado un poco encontrar el garaje, definitivamente los de los sentidos únicos en Cahors es preocupante. Ponemos las cámaras a grabar y remontamos el río Lot por su orilla izquierda, parcialmente cubierta por bosques y rodeada de leves ondulaciones. Tras atravesar alguna pequeña población, y siempre siguiendo el sinuoso curso del río, empezamos a ver paredes de roca verticales que enseguida van ganando en tamaño y dimensiones. A la altura de Bouziès y su puente de cables la carretera está tallada en la roca y atravesamos pequeños túneles. Enseguida aparece ante nuestros ojos, en la orilla de enfrente, el vistoso pueblo de Saint-Cirq-Lapopie; lo primero que ves es La iglesia, asomándose desde lo alto al borde del paredón rocoso que cae a plomo sobre el río. Luego ves las casas que descienden por la ladera. Es realmente espectacular.


Saint Cirq Lapopie

Bordeando el recodo del río llegamos al puente que permite cruzarlo y subir al pueblo, donde resulta imposible aparcar. Unos lugareños nos indican cómo llegar al parking  -de pago- que han hecho un poco más arriba. Mascullando maldiciones pasamos por el aro, luego tampoco sería para tanto, salimos a 2€ por moto, pero eso de pagar por aparcar yendo en moto es algo que me escuece bastante.


Vista del pueblo desde arriba

El pueblo, pequeñito y muy, muy cuidado, se recorre rápido. La vista desde el emplazamiento del castillo es fabulosa: por un lado el pueblo medieval a vista de pájaro, y por otro, el recodo del río con sus paredones rocosos y el valle con los campos cultivado como parches ocres en medio de las colinas boscosas que cubren el horizonte.

El lugar, ocupado desde la época galo-romana por evidentes razones defensivas, forma parte de las tierras de un señorío que acabaron compartiendo tres familias, una de las cuales se inclinó del lado de los defensores de los cátaros, con las funestas consecuencias que podéis imaginar. El castillo, hoy inexistente, fue desmantelado por orden de Louis XI a finales del S.XV, reconstruido poco después por Charles VIII y finalmente demolido a finales del S.XVI por Henri IV durante las guerras de religión, ya que había sido tomado por los hugonotes.

Dejamos atrás Saint Cirq Lapopie con buen sabor de boca y deshacemos un poco el camino recorrido, con algo de prisa: a las 11:15 empieza nuestra visita a una de las pocas cuevas con pinturas paleolíticas aún abiertas al público: Pech Merle, y vamos con algo de retraso. Rápidamente dejamos atrás el Lot rumbo norte; en Cabrerets tomamos la D13 y a partir de ahí, siguiendo los paneles, llegamos enseguida a la cueva con tan sólo cinco minutos de retraso.

El acceso a la cueva se hace a través del edificio construido a la entrada. A la derecha hay una sala acristalada donde un grupo atiende a una proyección audiovisual conducida por una chica que parece ser la guía; como suponemos que es nuestro grupo, discretamente nos ponemos al fondo y esperamos el fin de las explicaciones. Luego de una rápida verificación de las entradas compradas por internet, la simpática guía nos proporciona un cuaderno plastificado con las explicaciones en español –toda la visita es en francés- y nos ofrece guardarnos nuestra parafernalia motera, cosa que hacemos encantados, pero cuidándonos bien de conservar las cazadoras dado que la temperatura interior es de 13ºC.

Las visitas están controladas para evitar el deterioro de las pinturas: grupos de máximo 25 personas durante máximo 45 minutos, y no más de 700 por día. Está prohibido hacer fotos, así que las que veis a continuación las he tomado “prestadas” de internet. Más info y billetes aquí: http://www.pechmerle.com/


Los caballos a lunares


Bisontes de hace 16,000 años

La visita a la cueva dura los 45 minutos autorizados, y la guía se encarga de explicar, con gracia y buen humor, la multitud de símbolos que nuestros antepasados neolíticos dejaron a su paso, con detalles sobre los materiales empleados, composición de los pigmentos… Además, el poder admirarlos en el lugar donde fueron creados, rodeados por las diferentes formaciones, apreciando como utilizaron el volumen de la pared rocosa para dar cuerpo a sus creaciones es una experiencia mucho más intensa que ver las mismas pinturas en la asepsia de una sala de museo. Desde mi punto de vista, 100% recomendable.

Al salir de la cueva y vista la hora, miramos de comer allí mismo, pero el único bar existente tenía tal aspecto de chiringuito playero cutre que decidimos volver grupas a Cabrerets, que está cerca y habíamos visto un par de terrazas con buena pinta. Dicho y hecho, tras un corto paseo nos aposentamos en una acogedora terraza a la sombra de unos frondosos árboles. La comida fue buena aunque algo cara, y tuve que pelearles la cuenta, pues nos habían metido cosas de más, aunque la impresión fue de error por las prisas más que nada.

Después del café y echando en falta una siestecita, seguimos por la D13 rumbo noroeste. La carretera es bastante estrecha, sin pintura pero con un asfalto aceptable y serpentea suavemente entre pequeñas colinas calizas cubiertas de bosque bajo. Estamos cruzando el parque natural de las Causses de Quercy, y empieza a hacer calor. Atravesamos un par de carreteras más anchas y seguimos, a veces abajo, a veces a media ladera de alguna colina, hasta el cruce con la D820, más ancha y bien señalizada, y seguimos dirección norte.

A medida que avanzamos las colinas se van alisando y los bosques ralean, y casi sin darnos cuenta, de repente nuestro horizonte visible está muy lejos y se compone de una multitud de pequeñas colinas recubiertas de un parcheado caótico de campos de cultivo, bosque y prados en todo lo que da la vista. Girando a la izquierda avanzamos por la D704 dirección Sarlat, de nuevo entre suaves colinas alternando bosques y prados y rodando a un ritmo fluido, con poco tráfico.

Tras atravesar Gourdon entramos en el departamento de la Dordogne, cruzando el rio homónimo poco antes de llegar a Sarlat-la-Canéda, cuya aglomeración esquivamos por la circunvalación de la D704, no sin sufrir la pirula de una mora enlatada que parecía no saber que al llegar a una rotonda hay que ceder el paso. Primer sustillo.

La ruta ahora es sinuosa y divertida, retorciéndose entre grandes extensiones de un bosque espeso y compacto, con  guardarraíles de doble bionda marcando el límite de la ruta. Cruzamos el río Vézère y seguimos brevemente su curso, viendo al pasar viviendas curiosas, unas excavadas en las paredes de roca y otras construidas en un hueco bajo la roca.

El resto del camino hasta Perigueux transcurre sin incidentes y atravesamos la ciudad hasta el hotel sin otro problema que el calor, que apretaba de lo lindo. Un abuelete despistado nos proporcionó las llaves de las habitaciones, suponiendo por algún absurdo motivo que Sergio era hijo nuestro, cosa que provocó (y sigue provocando) instantes de hilaridad. Una vez en pantalón corto y con las motos en el parking del hotelillo, salimos a recorrer Perigueux, buscando especialmente la catedral de Saint-Front.


Vista aérea de la catedral

La catedral tiene como peculiaridad su estilo bizantino, el mismo que la de San Marcos en Venecia, con cinco cúpulas simétricas dispuestas en cruz y un campanario, el único de estilo bizantino en el mundo, rematado por una curiosa cúpula cónica. El interior es de grandes volúmenes a pesar de las columnas que soportan las cúpulas, una luminosidad relativa y unas espectaculares vidrieras, restauradas en el S.XIX, con escenas de la Biblia.


La catedral vista desde uno de los puentes sobre el Isle


Una de las vidreras


Hôtel de la Gare, 1 rue Puebla, 24000 Périgueux
Precio: 40 € la habitación doble con baño, desayuno aparte

Videoresumen de la jornada:
« última modificación: Junio 18, 2017, 01:59:19 am por Txarly »

Desconectado Txarly

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Día 7 – Perigueux – Severac-le-Château (302 kms)
« Respuesta #14 en: Junio 14, 2017, 03:18:45 pm »
Día 7 – Perigueux – Severac-le-Château (302 kms)

Perigueux es lo más al noroeste que vamos a ir esta vez; a partir de ahora el rumbo va a ser este-sureste. Tenemos entradas para la visita (esta vez en inglés) de las 11:06 de Lascaux 2, el facsímil de Lascaux (la “Altamira francesa”) y hay que recorrer 50 kilómetros. Vamos bien de tiempo, de modo que descartamos la A89, prefiriendo la D6089 que nos llevará hasta Thenon, donde llenamos depósitos -todos- para seguir por la D67 a Montignac. El día es claro y soleado y la ruta, amplia y bien asfaltada, permite avanzar a buen ritmo entre verdes colinas y cultivos pese a alguna que otra travesía de pueblo. Al acercarnos a destino ya aparecen indicaciones de Lascaux y llegamos con media hora de adelanto.

Cuando, en 1879, se descubrieron las pinturas paleolíticas de Altamira, las primeras que se hallaron, las eminencias -francesas- de la época las tacharon de falsas porque ponían en tela de juicio las ideas imperantes sobre los hombres prehistóricos. Sólo tras arduos debates y, “casualmente”, descubrimientos similares en otras cuevas europeas –sobre todo en Francia– las ‘eminencias’ se la tuvieron que envainar entonando un “mea culpa”, al final del S.XIX.

El descubrimiento de las pinturas de Lascaux es relativamente tardío, de 1940. La afluencia masiva e incontrolada de visitantes se empieza a hacer sentir en 1955. Tras varios intentos de conservar la atmósfera original mediante reguladores térmicos e higrométricos, la cueva es cerrada al público en 1963. Tras arduos trabajos, 20 años después se abre al público una reproducción al milímetro de parte de la cueva, que llamaron Lascaux 2 y que es la que vamos a visitar.

Desde fuera es un moderno edificio de líneas irregulares que se adaptan al contorno de la montaña, bajo y extenso, como una colina artificial de cemento con todo el frente acristalado. Es evidente el esfuerzo hecho por integrarlo en el entorno y, aunque no pasa desapercibido, tampoco desentona. Hay bastante gente pero está bien organizado, con personal pululando entre la gente para informarte, lo que nos permite dejar bultos en una consigna. La visita es muy completa e instructiva e incluye una serie de explicaciones sobre el paleolítico, visita guiada a la neocueva y tiempo libre en el museo, donde están expuestas reproducciones en relieve de los principales rincones decorados de la cueva con las pertinentes explicaciones. Más info y entradas aquí: http://www.lascaux.fr


La galería de los toros


Detalle de la galería de los toros

Tras la interesantísima visita nos ponemos rápidamente en marcha, buscando donde comer, que ya toca según los estándares europeos (entre 12 y 13:30) Rodando ligero llegamos a Sarlat la Caneda y paramos en la primera terraza que encontramos, con parking para motos justo enfrente. Se llama ‘Le Bistro de l’Octroi’ y lo menciono porque tenían un buen menú a precio razonable y camareros simpáticos.

Retomamos la ruta sin perder mucho tiempo, que hoy es un día muy completito, y en seguida llegamos al río Dordogne, cuyo curso vamos a remontar hasta Souillac. Pasamos a la margen izquierda por el puente de Roufillac y, tras una rápida corrección –me he pasado el desvío- remontamos la orilla por la D50. A nuestra izquierda el rio discurre tranquilo entre ondulaciones boscosas mientras avanzamos por una carretera estrecha pero agradable, con frecuencia atravesando un frondoso bosque. Volvemos a cruzar el Dordogne en Souillac pero sin entrar al pueblo, ya que nada más acabar el puente seguimos la D43 hacia Rocamadour, nuestra siguiente parada.

Rocamadour es una villa medieval cuyas casas se amontonan, como desafiando a la gravedad, por la pared de un acantilado de más de cien metros de altura. Su santuario, lugar de peregrinación mariana muy popular hasta mediados del S.XV, contiene la estatua de una virgen negra que estuvo recubierta de plata (ya no) y las reliquias de san Amador, un ermitaño que vivió en una de las cuevas del acantilado y cuyo cuerpo incorrupto fue hallado en el S.XII y expuesto a los peregrinos. Durante las guerras de religión del S.XVI el lugar fue saqueado y quemado, siendo reconstruido en el S.XIX. En la actualidad es el quinto lugar de Francia más visitado y, como podéis ver en las fotos, con motivo.


Rocamadour


Santuario de Rocamadour


El pueblo visto desde la puerta noreste, llamada “du Figuier”, de la Higuera

Aparcar en el pueblo es imposible a menos que, como descubriríamos después, te cueles por la única calle hasta el parking del hotel. Aparcamos abajo en el valle, en una campa habilitada como parking, descubriendo con alivio que hay un trenecito turístico que sale del valle y sube hasta la calle principal del pueblo por un módico precio. En condiciones normales hubiésemos ignorado el trenecito por ser una turistada pero, cuando ves el repecho a subir, te replanteas tus convicciones. De todos modos, para subir a las siete iglesias de Rocamadour nos esperaba una buena dosis de escalones: nada menos que 216 que, según las normas de peregrinaje, deben hacerse de rodillas, para luego depositar algún exvoto en agradecimiento a los favores recibidos. Exvotos había (barcos, grilletes…) pero no vimos ningún talibán subiendo de rodillas. Por nuestra parte, ya era bastante penitencia cargar con las cazadoras y la bolsa sobredepósito.

Me llamó la atención una espada clavada en una grieta del acantilado, junto al santuario. Una leyenda cuenta que se trata de Durandal, la espada de Roldán, que murió en Roncesvalles (en una emboscada tendida por los vascones para vengar el anterior pillaje de Pamplona) Para evitar que su espada cayese en manos enemigas (en la época se atribuían poderes sobrenaturales a las espadas de caballeros famosos), quiso romperla contra una pared de roca, pero partió la pared, dando lugar a la actual brecha de Roldán. Entonces lanzó su espada hacia el valle con todas sus fuerzas, recorriendo ésta cientos de kilómetros para clavarse en la pared de Nuestra Señora de Rocamadour.


La supuesta espada de Roldán. Nótese el antirrobo de la época.

Tras visitar el pueblo bajamos en el trenecito, recuperamos las motos y subimos a lo alto del acantilado para intentar entrar en el castillo, ya que las vistas deben ser espectaculares desde el borde donde se encuentra, pero lo encontramos cerrado, de modo que optamos por hidratarnos un poco antes de seguir ruta, que aún nos queda otra parada: Conques.

Avanzamos por grandes rectas atravesando una meseta plana donde cercas de piedra delimitan un terreno que debe ser poco productivo; apenas se ven cultivos y es sobre todo campo yermo, cubierto de matorral y árboles dispersos, más bien raquíticos. Al tomar la D840 el asfalto mejora sensiblemente y la vía se hace más ancha, lo que nos permite aumentar el ritmo. Según los kilómetros desfilan bajo nuestras ruedas el paisaje cambia: aparecen cultivos, los árboles son más altos y frondosos, las poblaciones que atravesamos son más grandes y el relieve se ondula en suaves colinas, haciendo la carretera más entretenida al retorcerse un poco. Atravesamos Figeac y seguimos por la D2 con la misma tónica de carretera ondulante entre suaves colinas hasta que bajamos a encontrarnos de nuevo con el rio Lot, que vamos otra vez a remontar, ahora desde Flagnac hasta el desvío a Conques por la D901.

El paseo por la orilla derecha es agradable y con algunos pasajes muy vistosos, parece que en verano debe ser un destino popular entre campistas. Cruzamos el río por el puente de la D901, adentrándonos en un bonito valle boscoso que se va haciendo más profundo según lo recorremos y enseguida llegamos a Conques, aparcando a la entrada del pueblo viejo. Son ya las siete de la tarde y el cansancio se empieza a sentir, lo cual podría explicar que Sergio aprovechase la pendiente del parking para enseñarle a su CB650F a hacerse la muerta, por suerte sin más consecuencia que la esperable merma del propio orgullo.


Vista aérea de Conques

Conques es un precioso pueblito famoso por dos cosas: el conjunto medieval de sus casas (ninguna rompe la armonía) y la iglesia abacial de Sainte-Foy. En el S.VIII se fundó un monasterio benedictino, al que un monje trajo las reliquias de santa Foy en el S.IX, tras sustraerlas de la iglesia de Agen. Estos robos eran frecuentes en la edad media y se definían con el eufemismo de “transición furtiva”. Las reliquias y sus supuestos milagros atrajeron peregrinos y, con ellos, la prosperidad al pueblo.


Plaza frente a la abadía

La iglesia, considerada una pieza maestra del románico occitano, fue fundada el mismo año que se descubrieron los -supuestos- restos de Santiago en Compostela (en 819), constituyendo una parada secundaria de la ruta a Santiago. Al ganar en prosperidad se empezó a construir, en el S.XI, la iglesia que hoy podemos admirar. Llama especialmente la atención el tímpano de la fachada principal, con escenas del juicio final primorosamente esculpidas e increíblemente bien conservadas, incluso con restos de policromía.


Vista general del tímpano


Detalle del tímpano. A la izda. Los justos entran en el cielo, cuya puerta guarda un ángel. A la derecha, un demonio con una maza empuja a los pecadores a las fauces de un monstruo, la entrada al infierno


Detalle del tímpano. El infierno, presidido por Satanás, donde se castigan los pecados capitales. De izda a dcha: soberbia (guerrero descabalgado), lujuria (hombre y mujer desnudos colgados juntos), avaricia (hombre colgado con su bolsa al cuello), envidia (un demonio le arranca la lengua a un hombre)


Tras la visita a Conques, la cual os aconsejo encarecidamente, volvemos a las motos y retomamos la ruta, que aún nos faltan 84 kms. Al buscar alojamiento no encontré nada más cerca que nos quedase razonablemente de paso, así que seguimos por la bonita D901, que continúa serpenteando por el fondo del valle. Tras atravesar Rodez seguimos por la N88, más amplia y recta, apretándole un poco –sin pasarse- y con ganas de llegar. Finalmente llegamos a Sévérac-le-Chateau y a nuestro hotel poco antes de las 9, justo a tiempo para cenar. De hecho, la regordeta y simpática chica del hotel tiene el detalle de retener un poco al personal de cocina para darnos de cenar.


Hôtel de la Gare, 1 Avenue Pierre Semard, 12150 Sévérac-le-Château
Precio: 48 € la habitación doble con baño, desayuno incluido
« última modificación: Junio 16, 2017, 12:04:03 pm por Txarly »

Desconectado Txarly

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Día 8 – Severac-le-Château – Saint-Jean-du-Gard (226 kms)
« Respuesta #15 en: Junio 16, 2017, 02:49:12 pm »
Día 8 – Severac-le-Château – Saint-Jean-du-Gard (226 kms)
Al despertar encontramos la plaza ocupada por un mercado (más bien mercadillo) y nos sorprende el poco ruido que hacen: nadie grita, nada de “¡que me los quitan de las manos, reinas!” ni nada por el estilo. Desayunamos, empacamos y llenamos en la gasolinera del Super U del pueblo.

Hoy tenemos una etapa más corta, pero intensa: vamos a recorrer las gargantas del Tarn y de la Jonte, para acabar en el parque nacional de Cevennes. Entre colinas peladas avanzamos paralelos a la A75, la cruzamos por debajo y pasamos al departamento de Lozère. Por una pequeña comarcal nos asomamos a lo alto de la garganta del Tarn, que se despliega, impresionante, a nuestra derecha, regalándonos una fantástica vista. Pese a la estrechez de la ruta paramos unos minutos para disfrutarla.

Continuamos por la meseta avanzando por una carretera estrecha, con un asfalto viejo y sin pintar, hasta llegar al pomposamente denominado “punto sublime”, un mirador en altura sobre uno de los meandros del rio. La vista sobre la garganta es realmente espectacular, una pena que las fotos no le hagan justicia; espero que en el video se aprecie mejor.


Vista a la izquierda del mirador


Vista a la derecha del mirador

Entre cultivos y pinares seguimos por la meseta, suavemente ondulada, pasando frente a casas aisladas de vez en cuando y sobre un asfalto algo mejor. El paisaje me recuerda a la sierra de Cuenca. En Chanac nos dirigimos hacia Sainte-Enimie por una carretera ancha y bien asfaltada, con curvas amplias y buena visibilidad, de esas que se disfrutan. Esperaba que bajase hacia el valle, pero me sorprende subiendo suavemente durante un trecho para luego atravesar unos cerros pelados, parcialmente repoblados de pinos, cruzar un pequeño pueblo fantasma de casas de piedra con unos vistosos arcos y, finalmente, iniciar el descenso al entroncar con la D986. La bajada empieza suavemente entre los cerros pelados que gradualmente se van cubriendo de un bosque de pinos mientras la pendiente aumenta, y al poco podemos deleitarnos con la visión a nuestra izquierda de la garganta desde media ladera. La pared vertical de roca y un par de horquillas nos acompañan hasta el coqueto pueblo de Sainte-Enimie, donde aparcamos junto a su vistoso puente.


Sainte Enimie

Mientras terraceamos para hidratarnos, vemos salir a tres malotes con sus harleys montando la escandalera habitual marca de la casa de Milwaukee, en la misma dirección que vamos a seguir nosotros. Tras el descanso, retomamos la ruta: vamos a recorrer la garganta siguiendo el curso del Tarn. La carretera, algo estrecha pero bien asfaltada, avanza paralela al rio, con la pared a nuestra derecha y algún estrecho túnel de vez en cuando. Justamente en el primer túnel nada más salir de Sainte-Enimie me llevo un susto de aúpa: según estoy enfilando el túnel, de repente, se materializa en medio y ocupándolo enteramente, un camión, con la cabina pintada de negro y las luces apagadas. Tengo el tiempo justo de frenar y arrimar la moto a la pared mientras el HdP del camión me esquiva, ignorando mi claxon y los sonoros epítetos que le dedico a él y a todos sus familiares consanguíneos de hasta tercer grado.

Seguimos adelante y pronto el espectacular paisaje nos hace olvidar el susto, de modo que disfrutamos la carretera alternándonos en la posición de cabeza. Pasamos algunos pueblecitos pintorescos, bonitos recodos del río, el espectacular hotel del Château de la Caze y finalmente paramos en La Malène con intención de comer, cosa que se reveló más difícil de lo esperado. En la pizzería junto al puente, pese a su cartel de ‘ouvert’, no hay nadie y tiene puertas cerradas y luces apagadas. En la terraza del hotel-bar que hay encima sí se ve alguien en la barra, de modo que nos aposentamos, pero la mujer que nos atiende nos explica que no tienen aún servicio de cocina (recordad que estamos a mediados de Mayo, aún es temporada baja) y, muy amablemente, nos indica donde se encuentra el único bistro del pueblo que, nos aclara, seguro que está muy concurrido. Al final, y siguiendo su consejo, nos hicieron unos bocatas en la panadería-ultramarinos del pueblo que complementamos con una bolsa de patatas fritas y algo de postre y nos los comimos en esa misma terraza, con unos refrescos y café.   

Seguimos por la garganta, que se va haciendo más estrecha y escarpada y nos sigue regalando la vista con algunos pasos espectaculares. Alcanzamos y rápidamente pasamos a los tres malotes con sus harleys, supongo que habrán comido en el bistro de La Malène y, casi sin darnos cuenta, llegamos a Le Rozier, donde cruzamos el Tarn y lo abandonamos para recorrer la garganta de su afluente, el Jonte. Aquí la carretera recorre a media ladera la orilla derecha, de modo que empieza subiendo para después adaptarse al sinuoso contorno de la ladera, cubierta de pinos y abetos y rematada en lo alto por paredes verticales de roca. Es menos abrupta que la garganta del Tarn, pero también muy bonita.

El siguiente susto se lo lleva Sergio, que iba delante, al encontrarse, cruzado en medio de la carretera un camión. Están haciendo obras y, en vez de poner un cartel avisando, han optado por lo cómodo. Al vernos llegar, una vez que nos hemos detenido, el camión se aparta lo justo para que pasemos, de modo que adelantamos camión, curritos y maquinaria y seguimos ruta, disfrutando de la garganta, hasta llegar a Meyrueis, donde dejamos el rio y seguimos por la D986. La ruta sube a la meseta y ofrece unas bonitas vistas de la garganta del Jonte desde lo alto. Al coronar la meseta es como si entrases en otro planeta: la carretera de curvas y las empinadas paredes boscosas desaparecen y te encuentras en un páramo de largas rectas, sin apenas vegetación y esencialmente llano, con ondulaciones muy suaves. El tendido telefónico antiguo que va paralelo a la carretera te hace pensar en las películas del oeste. Más adelante el suelo se ondula, aparecen pequeños bosques de pino bajo y recio y la ruta serpentea un poco más. La meseta acaba y nos asomamos de nuevo a la garganta del Tarn, justo sobre el pueblo de Saint Chely du Tarn. Hay un chiringuito cerrado con un mirador, de modo que paramos y descansamos un poco, admirando la vista.


Saint Chely du Tarn visto desde el mirador

La bajada al valle también ofrece bonitas vistas y se hace rápido, y enseguida llegamos, otra vez, a Sainte Enimie, completando el bucle previsto. Cruzamos su puente de piedra y seguimos remontando el Tarn. Más paisajes espectaculares. Cuando leas estas líneas, quizá te suene a cansino, pero te aseguro que yo no me canso de ver esta maravilla.

En Florac nos despedimos del Tarn para descubrir el último tramo de naturaleza previsto hoy, la cornisa de Cévennes, una de las sierras del macizo central francés, que da nombre al parque nacional de Cévennes. Empezamos por la D907, amplia, razonablemente asfaltada y bastante recta al principio, haciéndose más sinuosa a medida que el terreno se vuelve más irregular. Seguimos por la D983, ya una ruta de montaña con sus horquillas y todo, que se convierte en D9 al coronar el col du Rey. De nuevo el paisaje tipo serranía de Cuenca: rectas, bosques de pino bajo y horizontes despejados que, al ir cresteando, nos ofrecen unas bonitas vistas del macizo central. Al pasar de una sierra a la siguiente la carretera se retuerce, a veces bastante, para luego volver a tramos rectos al crestear por la siguiente sierra. La D9 se convierte en D260 al cambiar de departamento -ahora es el Gard- y poco a poco dejamos atrás la línea de cresta y descendemos al valle. Pierdo de vista a Sergio en los retros un rato, así que paro en cuanto puedo, inquieto. Un waxap suyo nos tranquiliza: le ha dado un bajón y ha parado por seguridad; bien hecho, prudencia ante todo. Nos falta muy poco ya para el hotel; se lo waxapeo y esperamos a que aparezca, cosa que hace al ratito. Seguimos y poco después aparece el río y con él, Saint-Jean-du-Gard.

Atravesamos el pueblo de punta a punta ya que el hotel está justo en el lado opuesto. Luego de aparcar y tomar posesión de las habitaciones, mientras Revoltosa se ducha y Sergio descansa para recuperarse del bajón, pido un cartón y engraso la cadena, que ya va tocando. Una vez “deszombificados” salimos a visitar el pueblo y a buscar donde cenar. Según esperábamos, el pueblo no tiene nada de especial, pero el paseo estirando las piernas nos vino bien. También descubrimos un pequeño restaurante de curioso nombre, Le Tchapalo, regentado por una negrita súper simpática que, por su acento, debe venir del Caribe francés, Guadalupe o Martinica. La mujer tiene la rara habilidad de transmitir buen rollito y enseguida estábamos bromeando con ella y con la pareja de seniors de la mesa de al lado. Aun reponiéndose de su bajón, Sergio decidió que iba cenar ligero… una tortillita, que, casualmente era uno de los platos de la carta, por otra parte no muy extensa. La cara de WTF :icon_eek: que se nos quedó cuando le trajeron un tortillón pantagruélico era para haberlo grabado; resulta que las tortillas son la especialidad de la casa. Luego de una cena muy agradable volvimos paseando al hotel a por un merecido descanso.


Logis Auberge Du Peras, Route De Nîmes, 30270 Saint-Jean-du-Gard
Precio: 56 € la habitación doble con baño, desayuno aparte

Conectado RSlopez

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Muchas Muchas Gracias por compartir y dejar que te acompañemos en la ruta, al leer la crónica es como si hubiera ido yo
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Salu2
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Desconectado Sonic

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Crónica: del Pirineo oriental a los Alpes del sur pasando por el macizo central
« Respuesta #17 en: Junio 16, 2017, 04:44:40 pm »
¡¡Increíble!!

Desconectado RobertS

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He recorrido varias veces las gargantas del Tarn y las Cévennes, pero no soy capaz de contarlo como tu, muchas gracias Txarly te has ganado un lector asiduo :drink5:

Desconectado Txarly

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Crónica: del Pirineo oriental a los Alpes del sur pasando por el macizo central
« Respuesta #19 en: Junio 17, 2017, 01:21:36 pm »
Gracias a todos por los cumplidos, me vais a poner 'colorao'  ^-^

De nuevo os pido disculpas por el tiempo que pasa entre capítulos, pero lleva su curro prepararlos. Y si tenéis alguna duda y/o os apetece visitar alguno de los sitios descritos, será un placer ayudaros.

Buena ruta y buenas curvas !!
V'sss